Sasha

Hay historias tan increíbles que a veces se desea que la persona esté mintiendo, por su propio bien. Ésta por ejemplo es la historia de Oleksandra, Sasha, una rusa a la que deseé nunca haberle preguntado por qué llevaba siempre un buzo de cuello de tortuga.

Pasó de esa manera, una pregunta inocente que tan solo un borracho en el bar puede formular. Afortunadamente Sasha ya me tenía la confianza suficiente para no haberme cacheteado y después de un momento de silencio me dijo: “¡Acábate eso ya! Pasamos por una botella de vino de camino a casa y te presento a mi madre”. Cambiamos de argumento y entendí que había sido imprudente, aunque también reafirmé que me tenía confianza, pues no es muy común llevar desconocidos a casa por estos lugares.

Compramos un vino barato a tres calles del bar y su casa quedaba justo arriba del local. Nos recibió su madre quien fue muy gentil y expresó con un inglés roto que estaba cansada y se iría a dormir, ambas se miraron y se abrazaron, murmuraron algo inteligible en ruso y la madre se fue a su cuarto.

Sasha abrió la botella de vino y empezó a contarme acerca de los problemas que estaban atravesando con la burocracia y el visado, “no es fácil demostrar que somos refugiadas casi que políticas” dijo. Yo no podía creer lo que escuchaba, pero ya había aprendido a no preguntar mucho así que guardé silencio. Ella se paró y prendió la luz del corredor, “ven, quiero mostrarte mi cuarto”. Seguí a Sasha hasta que llegamos a un pequeño cuarto con una pequeña cama y ropa tirada en el piso. “Siéntate” me dijo señalando la cama y mientras intentaba hacer un espacio entre la ropa, noté que se estaba quitando su buzo de cuello de tortuga, apagó la luz y pensé “¡mierda! ¿En qué me he metido?”. Al cabo de un rato la luz volvió y Sasha estaba al frente mío completamente desnuda.

Yo le dije muy incómoda que era una mujer muy bella pero que no me interesaba tener ningún tipo de relación más allá de una amistad. Sasha se empezó a reír y me dijo: “a mi tampoco, pero justamente porque te he abierto la puerta de la confianza quiero que me mires muy bien, desnuda de cuerpo y de alma”. A mi todo esto me seguía pareciendo bizarro pero tal vez fue el alcohol o las sesiones de sauna con mis amigos que me hicieron pensar “qué más da, al fin al cabo el pudor es un pensamiento estúpido”.

Miré a esta bella rusa de arriba a abajo y me quedé con la boca abierta y no particularmente por el buen cuerpo. Por toda su piel de arriba a abajo se veían quemaduras, pero fue especialmente el las piernas, vientre, senos y cuello donde se concentraban cicatrices abultadas. “¿Ya entiendes?” Me dijo y empezó a ponerse la pijama. Yo seguía en shock y le pregunté con todo respeto: “¿qué te pasó?”. Sasha se tumbó en la cama sin quitar lan ropa de por medio, un poco borracha y fría me dijo: “a los 15 años salí de la escuela con mi mejor amiga. Unos hombres nos metieron a la fuerza en un carro y nos metieron a un apartamento. Nos desnudaron y nos empezaron a quemar con cigarrillos por todo el cuerpo. A mi amiga se la llevaron a otro cuarto y la violaron, lo sé porque escuchaba sus gritos. Luego entró una llamada y los hombres salieron corriendo. Yo me tiré por la ventana desnuda y parcialmente amarrada a una silla. Un vecino del edificios del lado me vio llena de sangre y llamó a la policía, me llevaron a urgencias y conté todo.”

Sasha dio un largo respiro y con voz entrecortada prosiguió: “aún no sé que pasó con amiga ni con los secuestradores. Cuando me recuperé mi madre no me dejó ver a nadie y salimos del hospital a la estación de bus para venir acá. Ella dice que muchas veces los amigos que uno cree tener son enemigos, se que me esconde algo, pero también se que acá estoy mejor”.

Me quedé sin palabras, a duras penas le respondí gracias y le dije que la dejaba descansar y que la llamaría mañana. He estado pensando en lo sucedido, en Sasha, las cicatrices, en lo bocazas que soy, en el hecho de ser amigas … esta noche será larga.

TOC Monocromático: Azul Marino

La noche anterior había visto la película “Toc Toc”, una adaptación al cine de una obra de teatro francés acerca del Trastorno Obsesivo Compulsivo. Hay que reconocer que el cine español tiene muy buenas películas en un género difícil, la comedia. Justamente en eso pensaba cuando levanté mis ojos y vi azul, sí, azul.

Esta vez no era la canción de Davis Bisbal, era una mujer obsesionada con el Azul claro. Había visto en televisión una mujer obsesionada con el rosado y otra con el verde, pero esta vez era azul y era real, en frente de mis ojos. Sonreí e intenté captar el momento.

Cuando llegué a mi destino comenté con amigos el extraño suceso y todos nos reímos hasta que alguien dijo: “pero tú de que hablas si estas vestida solo de negro” y entonces lo entendí, touché.

Liberlandia

En lo profundo de la ciudad encontré a un hombre de al rededor de 50 años con un estilo punk e intelectual. No vale la pena añadir romanticismos, es de hecho bastante común ver personajes así, sin embargo está bien recordar qué es lo que hay detrás.

Vivo en un país donde a nadie le importa nada, no importa ir a un bar vestido como un payaso y nadie juzga si se está borracho un miércoles a mediodía. Se presenta así de repente, un país de excesos y de libertad sin límites. Sin embargo esa actitud de “valeculismo” tiene una segunda cara, a la larga, no importa si se está muy enfermo en el hospital y no importa si se trata mal a los clientes; “¿para qué?” Piensan ellos, “si igual alguien más va a comprar y dar dinero, no tengo que poner una sonrisa porque no importa, así como a nadie le importa mi salario de mierda”.

Esa actitud que los occidentales encuentran extremadamente grosera, responde a un contexto histórico de un país cuya historia incluye 3 invasiones brutales y extremas en un siglo, donde la religión dejó de importar porque nunca existió una esperanza ni un dios. Ésta es una actitud tan gris como el cielo, donde todos son sospechosos y merecen ser reportados a la policía como en los viejos tiempos y entonces, qué más da, si hago esto o lo otro es igual, no hay un futuro, no importa.

Sartre decía que “el hombre es esclavo de la libertad”, forzado a elegir. Entonces no importa si la elección no tiene una razón moral detrás, porque igual la religión nunca importó. Estos hombres vivieron su infancia con miedo a las autoridades e instituciones (policía, iglesia, políticos de izquierda, políticos de derecha, padres, abuelos) y ahora son libres de opinar, de vestirse como nunca pudieron hacerlo, de sospechar de los otros y hacer lo que quieran. Hay otros sin embargo que también son libres de incorporar el capitalismo más salvaje nunca antes visto porque a la gente no le importa luchar por mejores condiciones, se consigue dinero no importa cómo mientras los de abajo tienen un trabajo y tampoco importa, mañana pueden tener otro y por eso no importa.

Personalmente me he “deshumanizado” me dejaron de importar muchas cosas y aplaudo al viejo del metro porque a él tampoco le importa. Hay muchas otras cosas que me deberían importar, pero somos esclavos de las decisiones, incluso en la máxima libertad y a mi nadie me invitó a venir, lo decidí yo.

Me pregunto, ¿qué estará leyendo el amigo del metro?

Jude

Aquí la evidencia

En una ocasión fuimos a un bar para charlar de cosas banales. Las cervezas se consumieron e igualmente lo hizo el tiempo, así que una vez borrachos al rededor de la 1 am era hora de ir casa, claro, no sin antes experimentar por primera vez el sentimiento más extraño jamás visto.

Al salir del bar, mis 3 compañeros de copas y yo nos quedamos quietos, pálidos, gélidos, con la boca abierta e incapaces de pronunciar palabra. Frente a nosotros tres locales habían sido pintados con las estrellas de David y la palabra “Jude” (judío) se podía leer. Alguien tartamudeó, preguntó si lo que que estaba viendo era real, otro más respondió que si era lo mismo que él estaba viendo seguramente así lo era. Yo seguía callada e intentaba buscar mi celular en el bolso mientras un tercero decía que tal vez habíamos viajado en el pasado cuando nos sentamos en la mesa del bar o que simplemente el pasado viajó por medio de los idiotas y estamos por vivir una segunda vuelta.

Sin ser judíos estábamos ahí, al borde del llanto y tapando con la mano la tan abierta boca, estábamos en el lugar equivocado, además éramos la gente equivocada para esta clase de eventos nazi y fue cuando el miedo empezó a recorrer la espina dorsal. ¿Caminar? ¿Correr? Pero, ¡moriríamos si hay un grupo de neonazis organizados capaces de escribir “Jude” en los locales!

La borrachera había sido parcialmente remplazada con el horror, pero aún así lo que nuestros sentidos nos mostraban era real, era hora de tomar decisiones. Decidimos hablar y ante el fallo de Matrix que se nos presentaba, la opción más lógica era volver al bar e intentar empezar de nuevo, porque en caso de que el bar fuera una máquina del tiempo nos transportaría a nuestros días.

Nos armamos de valor y decidimos salir de nuevo después de la segunda cerveza, íbamos a ir los cuatro juntos, teníamos que ser valientes e íbamos a permanecer juntos, tomar fotos para que el mundo se enterara de lo que habíamos presenciado, juntos a llegar a casa y hacer un escándalo en redes sociales. Salimos, tomamos fotos y nos dirigimos a la esquina para llegar a la parada del tram. Era un callejón oscuro con unas escaleras al fondo para subir a la estación. Nosotros estábamos juntos, temblando pero decididos porque no nos iba a detener ese grupo de hombres vestidos de negro al lado de una furgoneta. ¡Ajá! Eran los neonazis, vi que uno era calvo y agaché la cabeza mientras me preparaba para recibir una paliza, rogaba por no orinarme. Caminamos a su dirección para llegar a las escaleras, nos miraban raro por supuesto pero los primeros no nos hicieron daño, tal vez esperaban para rodearnos o atacarnos por la espalda, tal vez nos habían aceptado como no peligrosos, no lo creía… De repente vimos a dos tipos metiendo un sillón de salón en la furgoneta, ¿desalojos? Pero, ¿cómo se atreven? ¿Dónde está la policía? ¿Son los nazis la policía?

Volvimos y como siempre, el camarero torció los ojos, parecía más molesto que preocupado. ¡Claro! ¡Claro que lo sabía! Nos trajo una ronda más de cervezas y empezamos a trabajar en hipótesis y maneras de afrontar a los nazis de afuera. ¡Nunca creímos que en nuestras vidas tendríamos que pasar esa situación!pero ahí estábamos y sobretodo, sí habíamos estudiado y algo debimos haber aprendido de “Bastardos sin gloria” o “Ha vuelto”. La verdad es que nada sirvió, estábamos simplemente molestos por la situación y sin herramientas para enfrontarla y lo peor, al rededor la gente no parecía inmutarse.

Dimos dos pasos más y quedamos de nuevo pálidos, gélidos y con la boca abierta. Recuerdo ver unas luces, sí, luces, de grabación, también micrófonos. Habían adaptado la calle para rodar una película de la segunda guerra mundial y los nazis no eran nada más que el staff. Duramos muertos de los nervios 2 horas y por primera vez sentí haber merecido la mirada del camarero del bar, ¡claro que sabía! ¡Sabía lo de la película! Y un grupo de cuatro borrachos actuando extraño había ido al bar dos veces en la noche, ¡qué turno tan de mierda! Y ¡qué risas nos pegamos después!

Ja, Olga Hepnarová

¿Víctima o victimaria? Ésta película ha tocado mi entendimiento de los checos a pocos meses de dejar el país.

Me imagino que para alguien que no ha vivido en Praga puede tratarse de una película lenta, pesante, con un alto contenido sexual lésbico y todo esto en blanco y negro. Se pueden recatar tintes sociales, una persona deprimida que constantemente es rechazada por la sociedad, por un sistema burocrático hermético y el dilema de una condena a muerte de alguien con notorios problemas psiquiátricos.

Al leer descubro que Olga Hepnarová sigue siendo considerada hoy en día como una de las mayores asesinas checas y la última condenada a la horca. Sin embargo quiero agregar unos puntos sobre la película que relaciono con el motivo de mi futura mudanza:

1. La burocracia del sistema de salud y en general del sistema. Vemos cómo todo se trata de tiempo y papeleo, un psicólogo que está más interesado en ir a casa que otra cosa, dice que Olga no está inscrita en su zona de trabajo y parece bastante molesto de hacer un esfuerzo extra. Esta situación sigue siendo vigente hoy en día, donde todo funciona con inscripciones y largas esperas, incluso en los hospitales de emergencia el papeleo es interminable y los médicos levitan de pedantes, considerando a los pacientes como ignorantes y ahí de alguien si no habla checo.

2. La condena. Más allá de la discusión de si Olga es o no culpable, en nuestros países decimos que “es inocente hasta probar lo contrario”, bueno, acá funciona lo opuesto, “es culpable hasta probar que es inocente”. Esto no solo funciona en términos legales sino que además se alarga al ámbito social. Trabajar con checos resulta así, ellos son desconfiados y observan, observan mucho al principio. A su defensa está que su país ha cambiado radicalmente en los últimos años y lo que hace 20 años era un país homogéneo hoy resulta tener muchas lenguas y extraños resultando en un real miedo al diferente. Los padres y abuelos vivieron periodos donde la cacería de brujas empezaba por los vecinos, quienes ante cualquier circunstancia no “normal” llamaban a la policía. Hoy en día por ejemplo, si hay una pareja sacando los papeles para la nacionalidad europea, se esperarán la visita de la policía, pero esta se hará seguramente después de haber hablado con todos los vecinos en secreto.

3. El valeculismo. Es un problema que Olga no le de los buenos días a sus vecinos, sí, está mal visto y es condenado. Por otro lado, la respuesta del vecino al reclamo al final es un “bueno, no es que me importe tampoco” y esto aplica para todo. Una sociedad regida por reglas de cortesía que se cumplen de manera robótica y poco sincera, es un golpe duro para las culturas latinas, en ciertos casos, los vecinos evitan salir cuando escuchan a alguien subir las escaleras, solo por no tener que dar los buenos días. Las relaciones, el trabajo, todo parece hostil y grosero, pero cuidado, no es que sean malos, es que simplemente no les importa y prefieren que este mundo robot siga se curso y que los dejen en paz.

4. El silencio como protagonista. Son pocas las palabras, hay momentos de silencio largos a excepción de los gemidos y las frases bruscas. Tras ese silencio sin embargo hay mucho contenido, muchos sentimientos reprimidos, muchas cosas que en público resultaban en ese entonces fuera de lugar, sospechosas. Hoy en día sigue siendo igual, en muchos casos por timidez y en absolutamente todos, porque los sentimientos están condenados y en las calles, se verán demasiados rostros inexpresivos, serios, que a nosotros nos parecen incómodos.

5. Racismo. Olga lo dice claro, no moriré porque soy blanca y hablo checo. Sin entrar mucho en detalles sí, esa pequeña precisión política es válida en la sociedad. Tantos otros excluidos no importarían

6. Sentimiento de revolución. Olga dice que se pudo haber suicidado pero no habría puesto en evidencia el problema social. Ella es catalogada como culpable y loca pero esta pequeña parte hace parte de una gran revolución contra el sistema, ella molesta, llama las cosas por su nombre e incluso en alemán.

7. La casa. Si bien en el exterior se trata de encajar en la sociedad y no levantar la mínima sospecha, el interior debería ser un espacio de explosión si se quiere y desafortunadamente no es así. Hay muchas costumbres muy curiosas, una de ellas (que además me llevo conmigo) es el hecho de quitarse los zapatos cuando se llega de la calle. En una casa checa típica se debe realizar esta acción , no se debe traer lo sucio de la calle a la casa, ya que ésta es un recinto. Asimismo (y con lo que no compagino), el baño se realiza antes de dormir, para no traer a la cama la suciedad de la calle. Los baños están generalmente separados, uno con inodoro, otro con la ducha, lo sucio y lo limpio. La ducha sin embargo es otro concepto ya que la mayoría de casas tienen tina y la gente usualmente toma baños. Para nosotros, la ducha se trata entonces de un equilibrio entre evitar que el shampoo entre a los ojos y sostener la manguera con la otra mano.

8. Es entonces conveniente bañarse con alguien y acá el tema del sexo y la desnudez. Entre los países hispanohablantes, unos más que otros conservan un concepto de pudor religioso bastante grande. La desnudez molesta, el sexo en pantalla intimida, pero no este no es el caso del país que produce el 10% del porno mundial. La razón no es que la gente sea más o menos golosa , la verdad es que se ha asumido con otra perspectiva. Si la sociedad impide el cariño público, de alguna manera tenemos que asociarnos y como humanos, esto es resistencia al sistema y poco tiene que ver en muchos casos con el amor. Ya hemos dicho que en realidad a la gente no le importa, pero el sistema no estaba diseñado para resolver esos problemas y mucho menos de lesbianismo .

9. Ateísmo. Así mismo, en un país devastado por nazis, rusos y un partido comunista (aún) fuerte, la gente abandonó toda fe, a diferencia de otros países como Polonia. La religión no es el centro del discurso y no parece hacer falta en términos prácticos y sociales. Hay un discurso moral acerca de Dios y los principios, que sin embargo termina siendo un discurso netamente social, donde la tildan de ser tan monstruo como ella dice que son sus victimarios. Sin embargo la gente está vacía actuando en sociedad, en fin, nada que la cerveza y el sexo no solucione, al fin al cabo, no importa.

10. El comedor. En una ocasión, un checo miraba asombrado como entre latinos y europeos disfrutábamos de una paella mientras reíamos y compartíamos. Nos dijo que por lo general en su casa la hora de comer es en silencio y nadie habla si el más viejo de la casa no lo hace. Al parecer este caso es extremo ya que otros checos no aplican esta ley pero, vemos lo mismo en la película, de hecho, la escena de cierre se trata de esto, Olga ha sido ejecutada y hay un gran silencio en la mesa, un fuerte dolor que nadie expresa (la madre ya ha llorado en la comisaría y ya fue suficiente), sin embargo todos siguen actuando como robots, nadie dice nada.

Podría seguir con la lista, pero creo que ya he dado muchas claves para entender la película desde otra perspectiva. Nosotros los europeos de occidente y americanos, sentimos a veces que la sociedad nos vuelve locos con el valeculismo, no podríamos imaginar como esto lucía hace 40 años, pero esta película deja entrever que en realidad hay cosas que no han cambiado mucho desde la separación del mapa. Estos puntos son debatibles, pero para eso se necesitan unas buenas cervezas, ¿vamos?

María dice:

3.5/5

La fresa del tiramisù

Los adultos deberíamos mantener un sistema de condicionamiento positivo con stickers como los niños en el kinder. En efecto, hoy me lo dejaría a mi misma por ser amistosa con otra persona en el apartamento.

Desperté con resaca, incapaz de afrontar el día y con la fuerza de un flan, me quedé en mi cama sufriendo. Mi novio en cambio tuvo un mejor día y contra pronóstico, fue capaz de incluso pedir comida, ir a recogerla e incluso traer cigarrillos y bebidas. El restaurante se equivocó y envió solo un plato, mi novio me lo entregó y dijo que esperaría al suyo. 20 minutos más tarde, su comida llegó con un tiramisù obsequio de la casa, mi novio me lo dió refunfuñando seguramente por el hambre.

Conmovida con sus actos ante mi convalecencia, decidí que debía dar las gracias de manera especial y le dejé medio tiramisù con la fresa. Asimismo le expresé que era una manera simbólica de agradecer a su atención del día y le expliqué que al ser hija única y acostumbrada a que ese tipo de detalles son míos, era más que una muestra de cariño para él.

Por supuesto que se rió, se comió la fresa y no le importó mucho, pero a mi sí, me acabo de merecer un sticker de carita feliz y él además de la fresa del tiramisù, merece tres.

Prófugos

Me cuesta mucho procesar ciertas experiencias que están muy lejos de lo “normal”, particularmente en ámbitos laborales, pero después de todo, ¿qué es lo normal?

En Febrero de este año organizamos un viaje a Berlín con varios amigos. Nos encontramos en la estación de bus y emprendimos el viaje tan emocionados cómo si estuviéramos en un paseo escolar. A las afueras de Dresden, el bus se detuvo y tuvimos 10 minutos alemanes de descanso que empleamos en fumar. Un hombre en sudadera se acercó a pedirnos un cigarrillo y de repente y sin ninguna pregunta de por medio, nos contó su historia. Según él, se estaba escapando de un centro de experimentos humanos y su destino era Berlín para empezar una nueva vida de incógnito. Nos miramos entre nosotros y pensamos que estaba loco y seguro se había escapado de algún manicomio, la verdad, nunca lo sabremos, pues apenas llegamos al destino, se esfumó.

Increíblemente, esa vivencia la relacioné con una experiencia del pasado. Se había unido al equipo de mi trabajo un austríaco joven y bastante callado. En una reunión con los jefes estuvo a punto de quedarse dormido y los jefes, cansados de su cabeceo, pidieron que se terminara su contrato. Los team leaders procedieron al despido en privado y al parecer su justificación del comportamiento fue que estaba cansado porque había consumido muchas drogas el fin de semana. Más allá del episodio, que para ser honestos en esa empresa era hasta normal, lo curioso pasó una semana después de que el jovencito se fue. Una llamada a recursos humanos alteró el letargo del lunes, era la madre del austríaco diciendo que eran unos desconsiderados por contratarlo, pues su hijo se había escapado de un psiquiátrico y estaban en su búsqueda.

De esa empresa, conservo solo recuerdos extraños, tan extremos como todos los que trabajábamos allá. Supimos que la sede en Grecia, empleó a un americano y que un día en plena jornada laboral, la policía entro armada como en una escena de cine se lo llevaron esposado. No solo había falsificado la visa para estar en Europa sino que además, lo esperaban las autoridades americanas para responder por una serie de crímenes al parecer fiscales.

Yo me pregunto, ¿Qué tan a menudo pasa esto? ¿Es normal?