Liberlandia

En lo profundo de la ciudad encontré a un hombre de al rededor de 50 años con un estilo punk e intelectual. No vale la pena añadir romanticismos, es de hecho bastante común ver personajes así, sin embargo está bien recordar qué es lo que hay detrás.

Vivo en un país donde a nadie le importa nada, no importa ir a un bar vestido como un payaso y nadie juzga si se está borracho un miércoles a mediodía. Se presenta así de repente, un país de excesos y de libertad sin límites. Sin embargo esa actitud de “valeculismo” tiene una segunda cara, a la larga, no importa si se está muy enfermo en el hospital y no importa si se trata mal a los clientes; “¿para qué?” Piensan ellos, “si igual alguien más va a comprar y dar dinero, no tengo que poner una sonrisa porque no importa, así como a nadie le importa mi salario de mierda”.

Esa actitud que los occidentales encuentran extremadamente grosera, responde a un contexto histórico de un país cuya historia incluye 3 invasiones brutales y extremas en un siglo, donde la religión dejó de importar porque nunca existió una esperanza ni un dios. Ésta es una actitud tan gris como el cielo, donde todos son sospechosos y merecen ser reportados a la policía como en los viejos tiempos y entonces, qué más da, si hago esto o lo otro es igual, no hay un futuro, no importa.

Sartre decía que “el hombre es esclavo de la libertad”, forzado a elegir. Entonces no importa si la elección no tiene una razón moral detrás, porque igual la religión nunca importó. Estos hombres vivieron su infancia con miedo a las autoridades e instituciones (policía, iglesia, políticos de izquierda, políticos de derecha, padres, abuelos) y ahora son libres de opinar, de vestirse como nunca pudieron hacerlo, de sospechar de los otros y hacer lo que quieran. Hay otros sin embargo que también son libres de incorporar el capitalismo más salvaje nunca antes visto porque a la gente no le importa luchar por mejores condiciones, se consigue dinero no importa cómo mientras los de abajo tienen un trabajo y tampoco importa, mañana pueden tener otro y por eso no importa.

Personalmente me he “deshumanizado” me dejaron de importar muchas cosas y aplaudo al viejo del metro porque a él tampoco le importa. Hay muchas otras cosas que me deberían importar, pero somos esclavos de las decisiones, incluso en la máxima libertad y a mi nadie me invitó a venir, lo decidí yo.

Me pregunto, ¿qué estará leyendo el amigo del metro?

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